El mundo es poco más que un camposanto de necios, de imbéciles.
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29.11.2015
Los necios
27.11.2015
Sólo escriben los deshonestos
Quien escribe y se mete a las letras no merece aplauso. Ni es un valiente ni es un talento. Escribir es un acto confesional de someterse a la tiranía del espíritu propio. Quien diga que no es así entonces cae en la otra categoría: la de los ensayistas mercenarios, la de los científicos o la peor, la de los cronistas de la comedia más vulgar del mundo - los periodistas.
31.10.2015
Rescate, remedio
Si se tratara de llenar páginas con conjuros mediocres que a nadie interesan más que a quien los escribe para usarlos como tabla de salvación, tendríamos más libros en este mundo.
Falsos son los que conspiran conscientemente contra sí mismos. Entre ellos no contemos a los suicidas, ellos remedian, ellos 'se salvan'.
Tema:
nihilismo,
obituario,
Ressentiment
18.04.2015
Tlatlaya
Íbamos pasando como siempre por esa calle seca y jodida.
La bodega
Los disparos
Tlatlaya es ese tiempo cuando el corazón está negro y rojo.
Rojo de sangre y ennegrecido por los balazos.
Aguantando el que muchos escupan sobre mi nombre y sobre mi memoria.
Nada de lo que hice valió la pena para ustedes, pero jamás le pedí a nadie que cargara conmigo. Yo me hice el favor de ir sólo por el camino que me llevó al paredón.

Antes de que esos miserables me fusilaran, pensé:
"He robado, corrompido y he dado muerte a varios."
"Pero al menos no soy soldado."
Tal vez me leyeron la mente y por eso con saña, con mala sangre me ejecutaron en una instancia más del tribunal de plomo.
Basado en un acontecimiento real y en una lectura reciente de "Lo de Antes" de Luis Spota.
La bodega
Los disparos
Tlatlaya es ese tiempo cuando el corazón está negro y rojo.
Rojo de sangre y ennegrecido por los balazos.
Aguantando el que muchos escupan sobre mi nombre y sobre mi memoria.
Nada de lo que hice valió la pena para ustedes, pero jamás le pedí a nadie que cargara conmigo. Yo me hice el favor de ir sólo por el camino que me llevó al paredón.

Antes de que esos miserables me fusilaran, pensé:
"He robado, corrompido y he dado muerte a varios."
"Pero al menos no soy soldado."
Tal vez me leyeron la mente y por eso con saña, con mala sangre me ejecutaron en una instancia más del tribunal de plomo.
Basado en un acontecimiento real y en una lectura reciente de "Lo de Antes" de Luis Spota.
30.01.2015
Imperativo categórico privado
"Vivir la vida propia como si la propia vida dependiera de ello."
Ser desesperadamente sí mismo es la tabla de salvación para quienes no pueden mentirse de manera convincente. Es un viaje desagradable que no es fácil de evitar. Es también un premio de consolación de quienes no pueden crearse una historia.
El viento siempre sopla fuerte en contra de aquellos débiles de voluntad.
27.02.2012
A ella la busqué (para matarla)
No hubo mejor tiempo. Yo no me sentía nada bien, ya no quería continuar.
Por eso, como no hubo mejor tiempo para mí que aquél, sospecho que ello también fue verdadero para todos los que eran como yo.
Que horrendo es el conflicto bélico, qué difícil de entender es un asesinato que no se comete por razones personales. ¿Dónde está la justificación de un soldado? En cambio, la mía es completamente comprensible. El sufrimiento prolongado nubla el juicio, eso lo saben todos. No se necesita ser juez para saberlo, sólo persona.
Al fin y al cabo, nadie le pide a un desgraciado que haga buenas obras. O se le castiga, o se le condena moralmente - ¡más no se puede hacer! Al fin y al cabo algún peso tienen que tener las palabras, propias o ajenas.
En cuanto todo el mundo comenzó a matarse y a defenderse, decidí unírmeles haciendo ambas cosas: un asesinato en defensa propia. Bendición de la guerra, bendición, Agradecí el momento en que el país comenzaba a partirse por la mitad. Agradecí al enemigo. Me inundaron las ganas de ir a decirle a uno de ellos "¡Gracias por la oportunidad!". Pero no creo que hubieran comprendido.
Salí a las calles. Qué horror, las calles. ¡Qué horror! Ahí sí había personas inocentes, muertas a tiros. Había gente cubierta de auténtica angustia, no como yo. Guerra, ¡qué terrible es la guerra!
"¿Quieres ser libre?" me dije.
~ Vas a tener que matarla. Y justo ahora es cuando nadie va a poder hacer mucho al respecto.
Buen pretexto para salir de la ciudad. ¡Buen pretexto! Al principio me removía la curiosidad, quería regresar, ver de lejos a quienes también la habían conocido, como para asegurarme de que mi acción había sido bien ejecutada. Nunca volví.
No valía la pena. ¡Nada de ese lugar valía la pena!
Jamás me voy a arrepentir de lo que hice. Su futuro negado es mi felicidad, así como mi futuro negadocon por ella era mi infelicidad.
A la otra le regalé mi silencio y mi desdén.
Con una hice las paces, enorme regalo.
A ella la busqué una última vez para matarla.
Gran regocijo, hermoso placer.
Para L.
Por eso, como no hubo mejor tiempo para mí que aquél, sospecho que ello también fue verdadero para todos los que eran como yo.
Si alguien te dijera, en tu momento más bajo, que de repente hay una posibilidad de que todo vaya a cambiar, aunque sea de la manera más violenta, ¿por qué no habrías de aceptar aquello sin dudar ni un poco? Ni el más necio se negaría a esta divina exención del infortunio. Habría que abrazar a esos accidentes del destino de la manera más dulce.
Que horrendo es el conflicto bélico, qué difícil de entender es un asesinato que no se comete por razones personales. ¿Dónde está la justificación de un soldado? En cambio, la mía es completamente comprensible. El sufrimiento prolongado nubla el juicio, eso lo saben todos. No se necesita ser juez para saberlo, sólo persona.
Al fin y al cabo, nadie le pide a un desgraciado que haga buenas obras. O se le castiga, o se le condena moralmente - ¡más no se puede hacer! Al fin y al cabo algún peso tienen que tener las palabras, propias o ajenas.
En cuanto todo el mundo comenzó a matarse y a defenderse, decidí unírmeles haciendo ambas cosas: un asesinato en defensa propia. Bendición de la guerra, bendición, Agradecí el momento en que el país comenzaba a partirse por la mitad. Agradecí al enemigo. Me inundaron las ganas de ir a decirle a uno de ellos "¡Gracias por la oportunidad!". Pero no creo que hubieran comprendido.
Salí a las calles. Qué horror, las calles. ¡Qué horror! Ahí sí había personas inocentes, muertas a tiros. Había gente cubierta de auténtica angustia, no como yo. Guerra, ¡qué terrible es la guerra!
"¿Quieres ser libre?" me dije.
~ Vas a tener que matarla. Y justo ahora es cuando nadie va a poder hacer mucho al respecto.
La encontré, su casa; todavía intacta. Solamente vi su casa una vez, jamás conocí a su familia. Pero sabía su dirección y todavía recordaba cómo llegar ahí. Frente y reja blancos. Un solo piso. La esperé 4 horas, no llegaba. Qué horror, la ansiedad. ¡Qué horror! Pero llegó. Le disparé sin que pudiera darse cuenta (me hubiera gustado que me viera al hacerlo, pero arriesgar a fallar el tiro y que ella viviera, eso jamás). Cayó de frente y el golpe seco contra el suelo seguramente le rompió la mandíbula en muchos pedazos. Qué hermoso, ese golpe. ¡Qué hermoso coup de grâce! Es como si la bala hubiera sabido que no quería ver su rostro de nuevo jamás. Supongo que quienes la acompañaban eran miembros de su familia. Pensé en hacerles un favor y borrarlos de aquí también, pero al comenzar a correr sin mirar atrás me alegré de que vivieran. ¿Qué no me habían visto sufrir a mi las personas que me apreciaban? ¡Menudo castigo, tremendo! Que vivan, que vivan mejor. Que sufran un poco. ¡No! Que sufran bastante.
Buen pretexto para salir de la ciudad. ¡Buen pretexto! Al principio me removía la curiosidad, quería regresar, ver de lejos a quienes también la habían conocido, como para asegurarme de que mi acción había sido bien ejecutada. Nunca volví.
No valía la pena. ¡Nada de ese lugar valía la pena!
Jamás me voy a arrepentir de lo que hice. Su futuro negado es mi felicidad, así como mi futuro negado
A la otra le regalé mi silencio y mi desdén.
Con una hice las paces, enorme regalo.
A ella la busqué una última vez para matarla.
Gran regocijo, hermoso placer.
Para L.
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