Me ha costado trabajo concentrarme al leer. Trato de leer sin pasar los ojos por las palabras y recitar en mi propia voz, para mis adentros, lo que veo. Llevar la desagradable sensación de sentirse consciente de algo que debería ser automático, como la respiración, los parpadeos o los pasos que da uno, eso no da tregua. Pero así paso los días, y le he perdido el gusto a la conversación. No puedo hacer nada más que observar como la otra persona me habla, sin el desasosiego de no saber lo que diré por respuesta. Es una incomodidad que no se va. Ni siquiera escribir estas piezas sosas me da paz, sólo me distrae un poco. He perdido las ganas de leer, y de escribir.