Los actos más repugnantes y vergonzosos generalmente nacen de cuando estamos tratando de preservar nuestra propia existencia.
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02.01.2018
Infirma nostri corporis
06.06.2013
Usted es un fraude
Siempre he tenido dificultades expresando el sentimiento religioso, el sentimiento de infinito. Si dijera la razón de ello, traicionaría a Dios y me traicionaría a mi mismo.
15.04.2013
A todos, a todos
Sería raro que hubiera un individuo que no quisiera ser libre... ¿No?
El romanticismo de altos vuelos que nos invade a todos cuando hablamos de esclavitud y de libertad nos embriaga: siempre es emocionante hablar de los que no pueden imaginarse mundos imposibles.
~ ¡Pobre gente! ¡Vive tan inmediata a su realidad!
Ojalá esos sepultureros de cadenas pudieran ser libres de esa angustia, su propia angustia que los abraza. Los demás los hacen presos de su esclavitud.
Uno de los retos del desapego es a uno no le importen las hordas de bárbaros.
Porque no hay bárbaros, solo hay afanes de civilizar.
Porque no hay esclavos, solo gente que no se ocupa del mundo que no existe aún.
Porque no hay libertadores, solo personas con demasiada energía como para guardarla dentro de sí mismos.
Yo diría:
~ ¡Tráiganlos a todos, en fila! Los observaré hasta cansarme. Pero puede que no me canse jamás...
El romanticismo de altos vuelos que nos invade a todos cuando hablamos de esclavitud y de libertad nos embriaga: siempre es emocionante hablar de los que no pueden imaginarse mundos imposibles.
~ ¡Pobre gente! ¡Vive tan inmediata a su realidad!
Ojalá esos sepultureros de cadenas pudieran ser libres de esa angustia, su propia angustia que los abraza. Los demás los hacen presos de su esclavitud.
Uno de los retos del desapego es a uno no le importen las hordas de bárbaros.
Porque no hay bárbaros, solo hay afanes de civilizar.
Porque no hay esclavos, solo gente que no se ocupa del mundo que no existe aún.
Porque no hay libertadores, solo personas con demasiada energía como para guardarla dentro de sí mismos.
Yo diría:
~ ¡Tráiganlos a todos, en fila! Los observaré hasta cansarme. Pero puede que no me canse jamás...
21.01.2012
Ya jamás, no.
Las palabras son como un manto con el que uno se cubre para no ver, es como matar a alguien a palos pero en el reino de la imaginación. Así, sabiendo esto, tal vez alguien se atreva a dar el salto.
No hay en mi nada más que esta pequeña voluntad para escribir. No hay convencimiento alguno que pueda crecer dentro de mí. Nadie tiene una seguridad más grande y fija respecto a esto que yo. Mis palabras me cubren. Voy a construir una ficción. Voy a escribir sin ganas de lograr cualquier cosa diferente a mí mismo. Tiene que poder lograrse, alargar los límites propios, como quien rompe un vaso para ver el agua derramada y libre.
15.09.2010
Los hombres y las cuatro vasijas
Llegaron dos hombres con un sabio. Buscaban saber cómo llegar a un monasterio. Llegaron con el sabio, y él les prometió que les diría cómo llegar al monasterio si podían hacer lo siguiente con cuatro vasijas de barro:
El primer hombre se puso a raspar una vasija con una piedra, hasta que la pulverizó. Frente al sabio, dijo: -He aquí una vasija que es como una montaña, porque las dos han sido y serán polvo. Después, se levantó y arrojó la otra vasija al suelo. - Ha sonado como una campana al romperse.
El sabio contempló al hombre, y comenzó a cuestionarle acerca de sus respuestas. Entretanto, el otro viajero se aprestó a llenar una vasija con agua, y otra con trigo de una plantación cercana. El sabio le detuvo con un gesto cuando llegó frente a él. "¿Pesa la vasija lo mismo que antes?" El viajero le contestó. -No. Y la otra no es una ofrenda. El sabio casi dejó escapar un gritito de perplejidad, pero se contuvo. "Jamás te daré las direcciones de esa manera."
Y el viajero dijo: "Simplemente iré a preguntarle a alguien más."
Y se llevó las dos vasijas, una repleta de comida, y la otra de agua en preparación para el resto del trayecto. Dejó a su compañero y al sabio detrás rápidamente, no sin antes sentenciar:
"Los hombres que buscan profundidad en una vasija vacía no son dignos de los pensamientos más profundos. Hay que cuidarse de la falsa filosofía."
Los falsos ídolos piden cosas imposibles. Nunca deje usted de ser práctico.
Con afecto para P. Prado, que está en tierras lejanas.
- Hacer sonar una como una campana.
- Hacer que una fuera igual a una montaña.
- Llenar de agua una de ellas hasta el tope, y que pesara lo mismo que si estuviera vacía.
- Conseguir que la otra fuera una digna ofrenda a Dios, a pesar de su austera apariencia.
El primer hombre se puso a raspar una vasija con una piedra, hasta que la pulverizó. Frente al sabio, dijo: -He aquí una vasija que es como una montaña, porque las dos han sido y serán polvo. Después, se levantó y arrojó la otra vasija al suelo. - Ha sonado como una campana al romperse.
El sabio contempló al hombre, y comenzó a cuestionarle acerca de sus respuestas. Entretanto, el otro viajero se aprestó a llenar una vasija con agua, y otra con trigo de una plantación cercana. El sabio le detuvo con un gesto cuando llegó frente a él. "¿Pesa la vasija lo mismo que antes?" El viajero le contestó. -No. Y la otra no es una ofrenda. El sabio casi dejó escapar un gritito de perplejidad, pero se contuvo. "Jamás te daré las direcciones de esa manera."
Y el viajero dijo: "Simplemente iré a preguntarle a alguien más."
Y se llevó las dos vasijas, una repleta de comida, y la otra de agua en preparación para el resto del trayecto. Dejó a su compañero y al sabio detrás rápidamente, no sin antes sentenciar:
"Los hombres que buscan profundidad en una vasija vacía no son dignos de los pensamientos más profundos. Hay que cuidarse de la falsa filosofía."
Los falsos ídolos piden cosas imposibles. Nunca deje usted de ser práctico.
Con afecto para P. Prado, que está en tierras lejanas.
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