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11.06.2014

Himmelbjerget

Cuando tenía apenas 16 años, entré a una escuela nueva. Como no sabía mucho de nadie, no pude conversar fácilmente con mis compañeros. En la clase de inglés notaron que podía hablar el idioma. Me preguntaron unas cinco o seis cosas que terminaron por develar que mi abuela había desembarcado hace más de 40 años en el puerto de la Villa Rica de la Vera Cruz. No era de aquí. 

- ¿Por qué tienes esa moneda en tu llavero?
- Es una corona. Me la dieron porque es del año en que nací.
- La moneda dice que es de 1992. No es del año en que naciste.
- Ah, es que es del año en que nació mi hermano. Debí de haber confundido su llavero con el mío...

Mi hermano nació en 1991.

Mentí porque tenía que tener una razón para tener esa moneda. Tenerla simplemente porque las coronas tienen un hoyo en el centro y las hace ideales para cargarse en un llavero o simplemente por apego al allá que siempre me pareció más bonito y menos pedestre que aquí era imperdonable.

De ahí en adelante, un tipo del cual recuerdo su rostro pero no su voz nunca cesó de arrojarme frases sardónicas como "miren, cuidado que ahí viene el danés".

Ya soy mayor. Ahora solamente deseo que él se ahogue con su propia saliva, porque yo (a diferencia de él) sí aprendí a callarme.

21.05.2010

Recorrido

Cuando regreso de trabajar, ya no hay luz natural en mi casa. 
Siempre hago el mismo recorrido: Abro la puerta. Voy y me sirvo un vaso de agua. Subo las escaleras. Abro la puerta de mi cuarto. Es difícil ver sin luz. Aún así, siempre atino a la llave correcta en el llavero. Nunca tiro agua de mi vaso. No tropiezo en ningún escalón.

Me abstengo de prender la luz. Lo único que me muestra eso es que nada ha cambiado. Que el día es igual a todos los otros días. Y que a nadie realmente le importa si enciendo la luz o no más que a mí mismo.

01.02.2010

Tablero luminoso

Cuando era pequeño, me quedaba viendo los tableros luminosos algunas veces. La fijación con ellos consistía en una cosa: tratar de desmenuzarlos. Cuando los veía, las letras y los números pasaban de derecha a izquierda, o iban de arriba a abajo.

Algunas veces, habría un foco fundido, apagado. Si se fija la vista en él, se puede quitar brevemente la ilusión de movimiento. El tablero se vuelve entonces una serie de focos luminosos prendiéndose y apagándose a diferentes intervalos. No es nada grandioso, pero siempre se me hizo interesante.

30.01.2010

El camino menos recorrido

A tal vez un centenar de pasos de distancia de la entrada de mi casa, hay una casa descuidada. La banqueta está empedrada, al igual que la calle. Afuera de esa casa, se sienta un hombre viejo alrededor del mediodía. Tendrá unos 60 ó 70 años más o menos. No hace absolutamente nada más que permanecer inmóvil en una silla, sin embargo, cada día alcanza un pequeño triunfo. Cuando se sienta, pone una escoba a lo largo de la banqueta.

Su triunfo consiste en que cuando alguien camina por ahí, él levanta la escoba y la mueve fuera del camino, antes de que nadie se acerque lo suficiente como para tener que pedirle que la levante, o tenga que hacer algún gesto que delate el que ha notado el obstáculo. Para su desgracia apreciable Sr. debe usted de saber que con su hábito, más que jugar algún papel cuando alguien camina ahí, su pequeña rebeldía le ha convertido en parte del paisaje.