13.03.2012
Llueven piedras
A quién no le cuesta trabajo hacer lo mismo todos los días a quién no le cuesta tener que lidiar con problemas de todas clases colores y sabores sin tener una pequeña pausa al menos no puedo creer que la gente no se indigne a causa de la fea realidad que vivimos me pregunto por qué la gente no disfruta más el presente en lugar de andar pensando en aquello que todavía no llega o que va a llegar inevitablemente jamás he podido entender a quién le es imposible leer un libro que le guste y que todos vean tanta televisión yo pienso que hay que estar en contacto con la cultura de la sociedad contemporánea eso solo una idea pero sirve para al menos poder entenderla y tratar de igual a igual con nuestros semejantes y no volverse un inadaptado la sociedad castiga a los individuos que eligen la soledad y ellos mismos son los que deciden que son más valiosos porque desde su torre de marfil pueden juzgar a aquellos que sí usan sus muletas sociales para poder funcionar los desvalidos díganme qué hay de los desvalidos no puedo creer que nadie esté pensando en los desvalidos es por eso que estamos tan mal ya a nadie le importa nada y por eso hay tan poca fibra moral estos días alguien dígale a todos esos activistas todos esos falsos activistas del Internet que yo mismo les pago el boleto de avión para solucionar los problemas del mundo si tan solo pueden probarme que les han importado desde siempre porque si no es así entonces con qué cara vienen a decirme que la pobreza ésto y que la guerra aquello yo juro que si hubiera menos personas como ellos probablemente habría menos problemas también de todas formas la gente nunca cambia y díganme a quién tratan de engañar si a ustedes no les importa nada más que no sean ustedes mismos en cambio yo con mi cinismo vean cómo estoy cambiando al mundo exponiendo la hipocresía de todos pero mira mira si le tenemos fe a la gente te prometo que en menos de una generación veremos cosas increíbles brillantes casi imposibles de creer haremos que nuestros sueños bajen de nuestras cabezas y pueblen la tierra cada rincón de ella porque sin esperanza a dónde vamos a parar todos a dónde vamos a parar si la gente no cree en nada entonces ahora sí que Dios se apiade de nosotros por favor porque quien no cree en nada jamás llega a construir algo esos charlatanes de la fe pidiendo limosna para la maldita iglesia juro que todo el dinero lo gastan en sus fastuosas catedrales y en esos bancos del Vaticano que no has oído de esos bancos que tienen ahí guardan todo el dinero del mundo y si tan solo pudiéramos repartir ese dinero habría menos pobres lo juro lo juro mira vamos a hacerlo y ya verás como no quedará un solo católico en todo el mundo porque la caridad es secular es un valor humano y yo no necesito ningún arbusto en llamas para que me diga qué hacer es que así no se puede razonar contigo no escuchas a nadie es probable que ni siquiera te escuches a ti mismo porque si oyeras la mitad de las barbaridades que dices tal vez pararías tan solo un poco pero no lo harás y es por eso que tú y yo jamás podremos entendernos pero la culpa la tienes tú por radical yo sí soy tolerante porque tolero que existas y te juro que si tan solo cruzáramos palabras de manera sencilla y sin odio como predica el Pastor todo sería mejor pero en realidad esto es siempre lo mismo y yo solo pregunto a quién no le cuesta trabajo hacer lo mismo todos los días
a quién no le cuesta tener que lidiar con problemas de todas clases colores y sabores sin tener una pequeña pausa...
05.03.2012
Un recuadro
~ La fotografía es una amputación de la realidad. Por eso funciona, por eso puede hacer parecer bello lo que no es bello. Por eso es, básicamente, una mentira.
~ Para ti las cosas siempre son así. Casi comienzo a creer que si no cambias, llegará el día en que nadie pueda tomarte una fotografía halagadora. Ojalá que tus observaciones nunca se hagan realidad, tendrías que ver lo horribles que son...
~ No, mis observaciones no son nada más que un recuadro, un recorte, una amputación de la realidad.
27.02.2012
A ella la busqué (para matarla)
No hubo mejor tiempo. Yo no me sentía nada bien, ya no quería continuar.
Por eso, como no hubo mejor tiempo para mí que aquél, sospecho que ello también fue verdadero para todos los que eran como yo.
Que horrendo es el conflicto bélico, qué difícil de entender es un asesinato que no se comete por razones personales. ¿Dónde está la justificación de un soldado? En cambio, la mía es completamente comprensible. El sufrimiento prolongado nubla el juicio, eso lo saben todos. No se necesita ser juez para saberlo, sólo persona.
Al fin y al cabo, nadie le pide a un desgraciado que haga buenas obras. O se le castiga, o se le condena moralmente - ¡más no se puede hacer! Al fin y al cabo algún peso tienen que tener las palabras, propias o ajenas.
En cuanto todo el mundo comenzó a matarse y a defenderse, decidí unírmeles haciendo ambas cosas: un asesinato en defensa propia. Bendición de la guerra, bendición, Agradecí el momento en que el país comenzaba a partirse por la mitad. Agradecí al enemigo. Me inundaron las ganas de ir a decirle a uno de ellos "¡Gracias por la oportunidad!". Pero no creo que hubieran comprendido.
Salí a las calles. Qué horror, las calles. ¡Qué horror! Ahí sí había personas inocentes, muertas a tiros. Había gente cubierta de auténtica angustia, no como yo. Guerra, ¡qué terrible es la guerra!
"¿Quieres ser libre?" me dije.
~ Vas a tener que matarla. Y justo ahora es cuando nadie va a poder hacer mucho al respecto.
Buen pretexto para salir de la ciudad. ¡Buen pretexto! Al principio me removía la curiosidad, quería regresar, ver de lejos a quienes también la habían conocido, como para asegurarme de que mi acción había sido bien ejecutada. Nunca volví.
No valía la pena. ¡Nada de ese lugar valía la pena!
Jamás me voy a arrepentir de lo que hice. Su futuro negado es mi felicidad, así como mi futuro negadocon por ella era mi infelicidad.
A la otra le regalé mi silencio y mi desdén.
Con una hice las paces, enorme regalo.
A ella la busqué una última vez para matarla.
Gran regocijo, hermoso placer.
Para L.
Por eso, como no hubo mejor tiempo para mí que aquél, sospecho que ello también fue verdadero para todos los que eran como yo.
Si alguien te dijera, en tu momento más bajo, que de repente hay una posibilidad de que todo vaya a cambiar, aunque sea de la manera más violenta, ¿por qué no habrías de aceptar aquello sin dudar ni un poco? Ni el más necio se negaría a esta divina exención del infortunio. Habría que abrazar a esos accidentes del destino de la manera más dulce.
Que horrendo es el conflicto bélico, qué difícil de entender es un asesinato que no se comete por razones personales. ¿Dónde está la justificación de un soldado? En cambio, la mía es completamente comprensible. El sufrimiento prolongado nubla el juicio, eso lo saben todos. No se necesita ser juez para saberlo, sólo persona.
Al fin y al cabo, nadie le pide a un desgraciado que haga buenas obras. O se le castiga, o se le condena moralmente - ¡más no se puede hacer! Al fin y al cabo algún peso tienen que tener las palabras, propias o ajenas.
En cuanto todo el mundo comenzó a matarse y a defenderse, decidí unírmeles haciendo ambas cosas: un asesinato en defensa propia. Bendición de la guerra, bendición, Agradecí el momento en que el país comenzaba a partirse por la mitad. Agradecí al enemigo. Me inundaron las ganas de ir a decirle a uno de ellos "¡Gracias por la oportunidad!". Pero no creo que hubieran comprendido.
Salí a las calles. Qué horror, las calles. ¡Qué horror! Ahí sí había personas inocentes, muertas a tiros. Había gente cubierta de auténtica angustia, no como yo. Guerra, ¡qué terrible es la guerra!
"¿Quieres ser libre?" me dije.
~ Vas a tener que matarla. Y justo ahora es cuando nadie va a poder hacer mucho al respecto.
La encontré, su casa; todavía intacta. Solamente vi su casa una vez, jamás conocí a su familia. Pero sabía su dirección y todavía recordaba cómo llegar ahí. Frente y reja blancos. Un solo piso. La esperé 4 horas, no llegaba. Qué horror, la ansiedad. ¡Qué horror! Pero llegó. Le disparé sin que pudiera darse cuenta (me hubiera gustado que me viera al hacerlo, pero arriesgar a fallar el tiro y que ella viviera, eso jamás). Cayó de frente y el golpe seco contra el suelo seguramente le rompió la mandíbula en muchos pedazos. Qué hermoso, ese golpe. ¡Qué hermoso coup de grâce! Es como si la bala hubiera sabido que no quería ver su rostro de nuevo jamás. Supongo que quienes la acompañaban eran miembros de su familia. Pensé en hacerles un favor y borrarlos de aquí también, pero al comenzar a correr sin mirar atrás me alegré de que vivieran. ¿Qué no me habían visto sufrir a mi las personas que me apreciaban? ¡Menudo castigo, tremendo! Que vivan, que vivan mejor. Que sufran un poco. ¡No! Que sufran bastante.
Buen pretexto para salir de la ciudad. ¡Buen pretexto! Al principio me removía la curiosidad, quería regresar, ver de lejos a quienes también la habían conocido, como para asegurarme de que mi acción había sido bien ejecutada. Nunca volví.
No valía la pena. ¡Nada de ese lugar valía la pena!
Jamás me voy a arrepentir de lo que hice. Su futuro negado es mi felicidad, así como mi futuro negado
A la otra le regalé mi silencio y mi desdén.
Con una hice las paces, enorme regalo.
A ella la busqué una última vez para matarla.
Gran regocijo, hermoso placer.
Para L.
20.02.2012
El solar de los silencios
Mi abuelo es escritor. Eso me convierte automáticamente en la vergüenza de la familia sólo por intentar serlo yo también, con tan poco brillo, con tan poco ánimo.
19.02.2012
Irún
Mi viaje ya terminaba. Llegué a Irún sin tiempo alguno. Llegué cansado, llegué de paso y llegué al final. Vi las montañas verdes en Noviembre, sentí el frío. Vi los edificios de departamentos, algunos nuevos, construidos con pequeños ladrillos rojizos. Vi banderas separatistas, basura en los ríos y antes las aldeas francesas a la orilla del mar con sus paredes blancas. Pensé que el aire que se respiraba ahí era horrible, pensé que el aire que se respiraba ahí era hermoso. Quise bajarme, quise quedarme ahí. Pasé por el norte de España de un plumazo, sin ánimo alguno de ir a donde iba. Pero la próxima vez, cuando regrese, iré a Irún, porque siempre hay que conocer donde comienzan las derrotas de uno. Sólo así se puede dar batalla a la incomprensión propia.
14.02.2012
La frecuencia
Si deja uno de hablar tanto, le pondrán más atención cada vez que diga algo. Si usted hace el cálculo mal y se pasa de la cuenta, la gente simplemente se olvidará de usted. Creo que es lo que me ha pasado a mí.
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